viernes, 8 de enero de 2010

Eliot y el espúreo verano


Asesinato en la catedral

Desde que el dorado octubre declinó en sombrío noviembre
y las manzanas fueron recogidas y guardadas, y
la tierra se volvió ramas de muerte, pardas
y agudas, en un erial de agua y lodo,
el año nuevo espera, respira, espera, murmura en la sombra.
Mientras el labriego arroja a un lado la bota lodosa y tiende las manos al fuego,
el año nuevo espera, el destino espera su advenimiento.
¿Quién ha acercado las manos al fuego sin
recordar a los santos en el Día de Todos Santos,
a los mártires y santos que esperan? y ¿quién, tendiendo
las manos al fuego, negará a su maestro: y quién, calentándose junto al
fuego, negará a su maestro?
Siete años, y ha terminado el verano,
siete años hace que el arzobispo nos dejó,
él, que fue siempre bueno con su rey.
Pero no estaría bien que regresara
El rey gobierna o gobiernan los señores,
hemos sufrido diversas tiranías;
pero casi siempre se nos deja a nuestros propios recursos,
y vivimos contentos si nos dejan en paz.
Tratamos de mantener nuestras casas en orden,
el mercader, tímido y cauto, se afana por reunir una modesta fortuna,
y el labriego se inclina sobre su pedazo de tierra, color de tierra su propio
color,
y prefiere pasar inadvertido.
Ahora temo disturbios en las apacibles estaciones: el
invierno vendrá trayendo del mar a la muerte;
la ruinosa primavera llamará a nuestras puertas,
raíz y vástago nos comerán ojos y orejas,
el desastroso verano aplastará el lecho de nuestros arroyos
y aguardarán los pobres otro octubre moribundo.
¿Por qué el verano habría de consolarnos
de los fuegos del otoño y las nieblas invernales?
¿Qué haremos en el sopor del verano
sino esperar en estériles huertos otro octubre?
Alguna dolencia viene sobre nosotros. Esperamos, esperamos,
y los santos y mártires esperan a quienes serán mártires y santos.
El destino espera en la mano de Dios, que modela lo todavía informe:
yo he visto estas cosas en un rayo de sol.
El destino espera en la mano de Dios, no en las manos de los estadistas,
quienes, unas veces bien, otras mal, hacen proyectos y conjeturas
y abrigan propósitos que giran en sus manos en la trama del tiempo.
Ven, feliz diciembre, ¿quién te observará, quién te preservará?
¿Nacerá otra vez el Hijo de! Hombre en el pesebre del escarnio?
Para nosotros, los pobres, no hay acción, sino sólo esperar y dar
testimonio.
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jueves, 29 de octubre de 2009

Rezo Poundiano de J.L.Panero

Un viejo en Venecia

En Venecia, viejo y envejecido, casi mudo,
rodeado de libros, de soledad, de gatos,
el poeta Ezra Pound,
habló, en un breve, muy breve encuentro con Grazia Livi.
Le comentó, sin autocompasión y sin desprecio,
secamente, con voz entrecortada:
«Al final pienso que no sé nada.
No tengo nada que decir, nada».
Si después de tan alto ejemplo, de tan clara sentencia,
aún sigo escribiendo, arañando palabras en el humo,
no es, que la muerte me libre,
por bastardo interés o absurda vanidad,
sino tan sólo por una simple razón,
porque no conozco otro medio, a excepción del suicidio,
-innecesario es un poema como un cadáver-
para dar testimonio de nada a nadie,
del mundo que contemplo, de esta vida,
de su horror gastado y cotidiano.
Que el viejo Pound, desde su tumba,
me perdone por unir su nombre
a estas sórdidas palabras desesperadas. Si quieres terminar de leer esto, haz click aquí...

jueves, 15 de octubre de 2009

El "aullido" dedicado a un país decadente

Norteamérica
Norteamérica te he dado todo y ahora no soy nada. Norteamérica dos dólares y veintisiete centavos 17 de enero de 1956.
No puedo detener mi propia mente.
Norteamérica, ¿cuándo vas a terminar la guerra humana?
Anda, jódete a tí misma con tu bomba atómica.
No me siento bien, no me molestés.
No voy a escribir mi poema hasta que mi cabeza funcione bien.
Norteamérica, ¿cuándo serás angelical?
¿Cuándo te vas a desnudar?
¿Cuándo te verás a ti misma en la tumba?
¿Cuándo vas a ser digna de tu millón de Trotskystas?
Norteamérica, ¿por qué tus bibliotecas están llenas de lágrimas?
Norteamérica, ¿cuándo vas a enviar tus huevos a la India?
Estoy enfermo de tus maniáticas exigencias.
¿Cuándo podré ir al supermercado y comprar lo que necesito, con mi buen aspecto?
Norteamérica, después de todo eres tú y yo quienes somos perfectos no el resto del mundo.
Tu maquinaria es demasiado para mí.
Tu me has hecho querer ser un santo.
Debe haber alguna otra forma para plantear este asunto.
Burroughs está en Tangiers, no creo que vuelva, es trágico.
¿Eres trágica o es esto especie de broma pesada?
Estoy tratando de llegar al punto.
Me niego a abandonar mi obsesión.
Norteamérica, dejá de presionar, sé lo que estoy haciendo.
Norteamérica, las flores del ciruelo están cayendo.
No he leído el diario en meses, todos los días juzgan a alguien por asesinato.
Norteamérica, los Wobblies me sensibilizan.
Norteamérica, solía ser un comunista cuando era chico, y no me arrepiento.
Fumé marihuana todas las veces que pude.
Me sentaba en mi casa por días enteros y observaba las rosas en el ropero.
Cuando voy al Barrio Chino, me emborracho y nunca me hecho un polvo.
Mi mente está hecha, allí va a haber un problema.
Deberías haberme visto leyendo a Marx.
Mi psicoanalista piensa que estoy perfectamente bien.
No voy a decir las Plegarias del Señor.
Tengo visiones místicas y vibraciones cósmicas.
Norteamérica, todavía no te conté lo que le hiciste al tío Max, después de que vino de Rusia.

Te estoy poniendo al tanto.
¿Vas a dejar tu vida emocional, en manos de la revista Time?
La revista Time me tiene obsesionado.
La leo todas las semanas.
Sus tapas me escudriñan cada vez que me escurro al pasar por la esquina confitería.
La leo en el sótano de la Biblioteca Pública de Berkeley.
Siempre me está hablando de responsabilidad. Los hombres de negocio son gente seria. Los productores de cine son gente seria.
Todo el mundo es gente seria, menos yo.
Se me ocurre, que yo soy Norteamérica.
Estoy hablando conmigo de nuevo.

Asia se levanta en mi contra.
No tengo ni la más mínima oportunidad.
Es mejor que tenga en cuenta mis recursos naturales.
Mis recursos naturales consisten en dos porros de marihuana, millones de genitales,
una impublicable literatura privada que va a 1400 millas por hora y veinticincomil instituciones mentales.
No digo nada sobre mis prisiones, ni de los millones de desgraciados que viven en mis maceteros bajo la luz de quinientos soles.
He abolido los prostíbulos de Francia, Tangiers es el próximo.
Mi ambición es ser Presidente, a pesar del hecho de ser Católico.

Norteamérica ¿cómo puedo escribir una bendita letanía con tu carácter necio?
Continuaré como Henry Ford, mis estrofas son tan personales como sus automóviles aún más ellas son todas de diferentes sexos.
Norteamérica te voy a vender estrofas por $2500 cada una, $500 las viejas.
Norteamérica libera a Tom Mooney
Norteamérica salva a los Leales Españoles
Norteamérica Sacco & Vanzetti no deben morir
Norteamérica yo soy los chicos de Scottsboro.
Norteamérica, cuando yo tenía siete años, mamá me llevaba a las reuniones de la Célula Comunista, ellos nos vendían garbanzos, un puñado por ticket, un ticket cuesta cinco centavos y los discursos eran libres, todo el mundo se ponía angelical y sentimental por los obreros, era todo tan sincero, no tiene idea qué bueno era el partido era en 1935, Scott Nearing era un viejo grandioso, un mensch de verdad, la Madre Bloor me hizo llorar, una vez vi a Israel Amter sencillamente. Todo el mundo debe haber sido un espía.
Norteamérica, en realidad no quieres ir a la guerra.
Norteamérica, son ellos los Rusos malos.
Ellos los Rusos, ellos los Rusos y ellos los Chinos.
Y ellos los Rusos.
Rusia quiere comernos vivos.
El mal poder de Rusia. Ella querer sacar los autos de nuestras cocheras.
Ella quiere agarrar Chicago. Ella necesita un Reader’s Digest Rojo. Ella quiere nuestras plantas de automóviles en Siberia. Él gran burócrata manejando nuestras estaciones de servicio.
Eso no es bueno. Ugh. Él hace que los Indios aprendan a leer.
Él necesita negros grandotes. Hah. Ella nos hace trabajar dieciséis horas al día. Socorro. Norteamérica, esto es bastante serio.
Norteamérica, esa es la impresión que tengo cuando miro la televisión.
Norteamérica, ¿es esto correcto?
Es mejor que me ponga a trabajar en serio.
Es verdad que no quiero unirme al Ejército o hacer girar tornos en fábricas de partes de precisión, soy corto de vista y psicópata de todas formas.
Norteamérica, le estoy poniendo mi hombro marica a la rueda .
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martes, 6 de octubre de 2009

Una voz que se apagó muy pronto: Oquendo de Amat


Cuarto de los espejos


En esta media noche
con rejas de aire

se ajitan las manos

Dónde estará la puerta? Dónde estará la puerta?
y siempre nos damos de bruces
Con los espejos de la vida
Con los espejos de la muerte

ETERNA
Juventud Vejez ETERNA

Ser siempre el mismo espejo que le damos la vuelta
se ajitan las manos amarillas
y se pierden las otras manos

y en este todo-nada de espejos
ser de MADERA

y sentir en lo negro

HACHAZOS DE TIEMPO
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lunes, 5 de octubre de 2009

La gorgona de Juarroz


Poesía vertical VI

25


Hay pocas muertes enteras.
Los cementerios están llenos de fraudes.
Las calles están llenas de fantasmas.

Hay pocas muertes enteras.
Pero el pájaro sabe en qué rama última se posa
y el árbol sabe dónde termina el pájaro.

Hay pocas muertes enteras.
La muerte es cada vez más insegura.
La muertes es una experiencia de la vida.
Y a veces se necesitan dos vidas
para poder completar una muerte.

Hay pocas muertes enteras.
Las campanas doblan siempre lo mismo.
Pero la realidad ya no ofrece garantías
y no basta vivir para morir.

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domingo, 4 de octubre de 2009

El peor castigo: ser prisionero de uno mismo. El compromiso de Pound


La zambullida


Querría bañarme en extrañeza:
estas comodidades amontonadas encima de mí,
me asfixian!
¡Me quemo, ardo en deseos de algo nuevo,
amigos nuevos, caras nuevas y lugares!
Oh, estar lejos de todo esto,
esto que es todo lo que quise... salvo lo nuevo.
¡Y tú,amor, la que mucho, la que más he deseado!
¿Acaso no me repugnan todas las paredes,
las calles, las piedras,
todo el barro, la bruma, toda la niebla,
todas las clases de tráfico?
A ti, yo te querría
fluyendo encima de mí como el agua,
¡oh, pero fuera de aquí!
Hierba y praderas y colinas y sol
¡oh, suficiente sol!
¡Lejos y a solas, en medio de gente extraña! Si quieres terminar de leer esto, haz click aquí...

jueves, 1 de octubre de 2009

El limbo tanático de Artaud

El ombligo de los limbos


Allí donde otros proponen obras yo no pretendo
otra cosa que mostrar mi espíritu.
La vida es un consumirse en preguntas.
No concibo la obra como separada de la vida.
No amo la creación separada. No concibo tampoco
el espíritu separado de sí mismo. Cada una
de mis obras, cada uno de los planes de mí mismo,
cada una de las floraciones heladas de mi
vida interior echa su baba sobre mí.
Me reconozco tanto en una carta escrita para
explicar el encogimiento íntimo de mi ser y la
castración insensata de mi vida, como en un
ensayo exterior a mí mismo, y que aparece en
mí como un engendro indiferente de mi espíritu.

Sufro que el Espíritu no esté en la vida y que
la vida no esté en el Espíritu, sufro del Espíritu-órgano, del Espíritu-traducción, o del Espíritu-intimidación-de-las-cosas para hacerlas entrar
en el Espíritu.
Yo pongo este libro suspendido en la vida, deseo
que sea mordido por las cosas exteriores y
antes que nada por todos los sobresaltos en acecho,
todas las oscilaciones de mi yo por venir.
Todas estas páginas se arrastran como témpanos
en el espíritu. Disculpen mi absoluta
libertad. Me rehuso a hacer diferencias entre
cada uno de los minutos de mí mismo. No reconozco
el espíritu planificado.
Es necesario terminar con el Espíritu como
con la literatura. Digo que el Espíritu y la vida
se comunican en todos los grados. Yo quisiera
hacer un Libro que trastorne a los hombres,
que sea como una puerta abierta y que los conduzca
donde ellos no habrían jamás consentido
llegar, simplemente una puerta enfrentada a la
realidad.
Y esto no es un prefacio de un libro como no lo
son los poemas que lo jalonan ni la enumeración
de todas las furias del malestar.
Esto no es más que un témpano mal tragado.




Un gran fervor pensante y superpoblado llevaba
a mi yo como un abismo pleno. Un viento
carnal y resonante soplaba, y el azufre mismo
era denso.
Y raicillas ínfimas poblaban ese viento como
una red de venas y su entrecruzamiento fulguraba.
El espacio era medible y crujiente, pero
sin forma penetrable. Y el centro era un mosaico
de fragmentos, una especie de duro martillo
cósmico, de una pesadez desfigurada, y que
recaía sin cesar como un frente en el espacio,
pero con un ruido como destilado. Y la envoltura
algodonosa del ruido tenía la instancia
obtusa y la penetración de una mirada viva.
Sí, el espacio devolvía su pleno algodón mental
donde ningún pensamiento era aún nítido ni
restituía su descarga de objetos. Pero, poco a
poco, la masa giró como una náusea fangosa
y potente, una especie de inmenso influjo de
sangre vegetal y retumbante. Y las raicillas
que se estremecían en el borde de mi ojo mental,
se separaban con una velocidad de vértigo
de la masa crispada del viento. Y todo el espacio
se estremeció como un sexo que el globo
del cielo ardiente saqueaba. Y una especie de
pico de paloma real horadó la masa confusa de
los estados, todo el pensamiento profundo en
ese momento se estratificaba, se resolvía, se
hacía trasparente y reducido.
Y nos era necesario entonces una mano que se
transformara en el órgano mismo del aprehender.
Y dos o tres veces todavía la masa entera y
vegetal giró, y cada vez, mi ojo se reubicaba en
una posición más precisa. La oscuridad misma se
hacía profusa y sin objeto. El hielo entero ganaba
la claridad.




Conmigo dios-el-perro, y su lengua
que como una saeta atraviesa la costra
del doble casquete abovedado
de la tierra que le causa escozor.

Y he aquí el triángulo de agua
que avanza con un paso de chinche,
pero que bajo la chinche llameante
se vuelve cuchillada.

Bajo los senos de la tierra horrorosa
dios-la-perra se ha retirado,
de los senos de tierra y de agua helada
que pudren su lengua vacía.

Y he aquí la virgen-del-martillo,
para aniquilar los sótanos de la tierra
donde el cráneo del perro estelar
siente subir el horrible nivel.




Doctor,
Hay un punto sobre el cual habría querido
insistir: es el de la importancia de la cosa sobre
la cual actúan sus inyecciones; esta especie de
relajamiento esencial de mi ser, esta reducción
de mi estiaje mental, que no significa como podría
creerse una disminución cualquiera de mi
moralidad (de mi alma moral) o siquiera de mi
inteligencia, sino más bien de mi intelectualidad
utilizable, de mis posibilidades pensantes,
y que tiene que ver más con el sentimiento que
tengo yo mismo de mi yo, que con lo que muestro
de él a los demás.
Esta cristalización sorda y multiforme del
pensamiento, que escoge en un momento dado
su forma. Hay una cristalización inmediata y
directa del yo en el centro de todas las formas
posibles, de todos los modos del pensamiento.
Y ahora, señor Doctor, que ya está usted bien
al tanto de lo que en mí puede ser alcanzado
(y curado por las drogas), del punto de litigio
de mi vida, espero que sabrá darme la cantidad
de líquidos sutiles, de agentes especiosos, de
morfina mental, capaces de elevar mi abatimiento,
de equilibrar lo que cae, de reunir lo
que está separado, de recomponer lo que está
destruido.
Mi pensamiento le saluda.

(foto: representación de la muerte del revolucionario francés Marat por Antonin Artaud)

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miércoles, 30 de septiembre de 2009

Exploraciones tanáticas de Pavese


VENDRÁ LA MUERTE Y TENDRÁ TUS OJOS

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
esta muerte que nos acompaña
desde la mañana a la noche, insomne
sorda, como un antiguo remordimiento
o un vicio absurdo. Tus ojos
serán palabra vana,
un grito retenido, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando te inclinas, sola, ante
el espejo. Oh, amada esperanza,
ese día también nosotros sabremos,
que eres la vida y eres la nada.

Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como abandonar un vicio,
como mirar en el espejo
la aparición de un rostro muerto,
como oir unos labios sellados.
Mudos bajaremos al abismo

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martes, 15 de septiembre de 2009

El humo de Pessoa

Tabaquería

No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo.
Ventanas de mi cuarto,
de mi cuarto de uno de los millones de gente que nadie sabe quién es
(y si supiesen quién es, ¿qué sabrían?),
dais al misterio de una calle constantemente cruzada por la gente,
a una calle inaccesible a todos los pensamientos,
real, imposiblemente real, evidente, desconocidamente evidente,
con el misterio de las cosas por lo bajo de las piedras y los seres,
con la muerte poniendo humedad en las paredes y cabellos blancos en los hombres,
con el Destino conduciendo el carro de todo por la carretera de nada.
Hoy estoy vencido, como si supiera la verdad.
Hoy estoy lúcido, como si estuviese a punto de morirme
y no tuviese otra fraternidad con las cosas
que una despedida, volviéndose esta casa y este lado de la calle
la fila de vagones de un tren, y una partida pintada
desde dentro de mi cabeza,
y una sacudida de mis nervios y un crujir de huesos a la ida.
Hoy me siento perplejo, como quien ha pensado y opinado y olvidado.
Hoy estoy dividido entre la lealtad que le debo
a la tabaquería del otro lado de la calle, como cosa real por fuera,
y a la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.
He fracasado en todo.
Como no me hice ningún propósito, quizá todo no fuese nada.
El aprendizaje que me impartieron,
me apeé por la ventana de las traseras de la casa.
Me fui al campo con grandes proyectos.
Pero sólo encontré allí hierbas y árboles,
y cuando había gente era igual que la otra.
Me aparto de la ventana, me siento en una silla. ¿En qué voy a pensar?
¿Qué sé yo del que seré, yo que no sé lo que soy?
¿Ser lo que pienso? Pero ¡pienso ser tantas cosas!
¡Y hay tantos que piensan ser lo mismo que no puede haber tantos!
¿Un genio? En este momento
cien mil cerebros se juzgan en sueños genios como yo,
y la historia no distinguirá, ¿quién sabe?, ni a uno,
ni habrá sino estiércol de tantas conquistas futuras.
No, no creo en mí.
¡En todos los manicomios hay locos perdidos con tantas convicciones!
Yo, que no tengo ninguna convicción, ¿soy más convincente o menos convincente?
No, ni en mí...
¿En cuántas buhardillas y no buhardillas del mundo
no hay en estos momentos genios-para-sí-mismos soñando?
¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas
-sí, verdaderamente altas y nobles y lúcidas-,
y quién sabe si realizables, no verán nunca la luz del sol verdadero
ni encontrarán quien les preste oídos?
El mundo es para quien nace para conquistarlo
y no para quien sueña que puede conquistarlo, aunque tenga razón.
He soñado más que lo que hizo Napoleón.
He estrechado contra el pecho hipotético más humanidades que Cristo,
he pensado en secreto filosofías que ningún Kant ha escrito.
Pero soy, y quizá lo sea siempre, el de la buhardilla,
aunque no viva en ella;
seré siempre el que no ha nacido para eso;
seré siempre el que tenía condiciones;
seré siempre el que esperó que le abriesen la puerta al pie de una pared sin puerta
y cantó la canción del Infinito en un gallinero,
y oyó la voz de Dios en un pozo tapado.
¿Creer en mí? No, ni en nada.
Derrámame la naturaleza sobre mi cabeza ardiente
su sol, su lluvia, el viento que tropieza en mi cabello,
y lo demás que venga si viene, o tiene que venir, o que no venga.
Esclavos cardíacos de las estrellas,
conquistamos el mundo entero antes de levantarnos de la cama;
pero nos despertamos y es opaco,
nos levantamos y es ajeno,
salimos de casa y es la tierra entera,
y el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.
(¡Come chocolatinas, pequeña,
come chocolatinas!
Mira que no hay más metafísica en el mundo que las chocolatinas,
mira que todas las religiones no enseñan más que la confitería.
¡Come, pequeña sucia, come!
¡Ojalá comiese yo chocolatinas con la misma verdad con que comes!
Pero yo pienso, y al quitarles la platilla, que es de papel de estaño,
lo tiro todo al suelo, lo mismo que he tirado la vida.)
Pero por lo menos queda de la amargura de lo que nunca seré
la caligrafía rápida de estos versos,
pórtico partido hacia lo Imposible.
Pero por lo menos me consagro a mí mismo un desprecio sin lágrimas,
noble, al menos, en el gesto amplio con que tiro
la ropa sucia que soy, sin un papel, para el transcurrir de las cosas,
y me quedo en casa sin camisa.
(Tú, que consuelas, que no existes y por eso consuelas,
o diosa griega, concebida como una estatua que estuviese viva,
o patricia romana, imposiblemente noble y nefasta,
o princesa de trovadores, gentilísima y disimulada,
o marquesa del siglo dieciocho, descotada y lejana,
o meretriz célebre de los tiempos de nuestros padres,
o no sé qué moderno -no me imagino bien qué-,
todo esto, sea lo que sea, lo que seas, ¡si puede inspirar, que inspire!
Mi corazón es un cubo vaciado.
Como invocan espíritus los que invocan espíritus, me invoco
a mí mismo y no encuentro nada.
Me acerco a la ventana y veo la calle con absoluta claridad,
veo las tiendas, veo las aceras, veo los coches que pasan,
veo a los entes vivos vestidos que se cruzan,
veo a los perros que también existen,
y todo esto me pesa como una condena al destierro,
y todo esto es extranjero, como todo.)
He vivido, estudiado, amado, y hasta creído,
y hoy no hay un mendigo al que no envidie sólo por no ser yo.
Miro los andrajos de cada uno y las llagas y la mentira,
y pienso: puede que nunca hayas vivido, ni estudiado, ni amado ni creído
(porque es posible crear la realidad de todo eso sin hacer nada de eso);
puede que hayas existido tan sólo, como un lagarto al que cortan el rabo
y que es un rabo, más acá del lagarto, removidamente.
He hecho de mí lo que no sabía,
y lo que podía hacer de mí no lo he hecho.
El disfraz que me puse estaba equivocado.
Me conocieron enseguida como quien no era y no lo desmentí, y me perdí.
Cuando quise quitarme el antifaz,
lo tenía pegado a la cara.
Cuando me lo quité y me miré en el espejo,
ya había envejecido.
Estaba borracho, no sabía llevar el dominó que no me había quitado.
Tiré el antifaz y me dormí en el vestuario
como un perro tolerado por la gerencia
por ser inofensivo
y voy a escribir esta historia para demostrar que soy sublime.
Esencia musical de mis versos inútiles,
ojalá pudiera encontrarme como algo que hubiese hecho,
y no me quedase siempre enfrente de la tabaquería de enfrente,
pisoteando la conciencia de estar existiendo
como una alfombra en la que tropieza un borracho
o una estera que robaron los gitanos y no valía nada.
Pero el propietario de la tabaquería ha asomado por la puerta y se ha quedado a la puerta.
Le miro con incomodidad en la cabeza apenas vuelta,
y con la incomodidad del alma que está comprendiendo mal.
Morirá él y moriré yo.
Él dejará la muestra y yo dejaré versos.
En determinado momento morirá también la muestra, y los versos también.
Después de ese momento, morirá la calle donde estuvo la muestra,
y la lengua en que fueron escritos los versos,
morirá después el planeta girador en que sucedió todo esto.
En otros satélites de otros sistemas cualesquiera algo así como gente
continuará haciendo cosas semejantes a versos y viviendo debajo de cosas semejantes a muestras,
siempre una cosa enfrente de la otra,
siempre una cosa tan inútil como la otra,
siempre lo imposible tan estúpido como lo real,
siempre el misterio del fondo tan verdadero como el sueño del misterio de la superficie,
siempre esto o siempre otra cosa o ni una cosa ni la otra.
Pero un hombre ha entrado en la tabaquería (¿a comprar tabaco?),
y la realidad plausible cae de repente encima de mí.
Me incorporo a medias con energía, convencido, humano,
y voy a tratar de escribir estos versos en los que digo lo contrario.
Enciendo un cigarrillo al pensar en escribirlos
y saboreo en el cigarrillo la liberación de todos los pensamientos.
Sigo al humo como a una ruta propia,
y disfruto, en un momento sensitivo y competente,
la liberación de todas las especulaciones
y la conciencia de que la metafísica es una consecuencia de encontrarse indispuesto.
Después me echo para atrás en la silla
y continúo fumando.
Mientras me lo conceda el destino seguiré fumando.
(Si me casase con la hija de mi lavandera
a lo mejor sería feliz.)
Visto lo cual, me levanto de la silla. Me voy a la ventana.
El hombre ha salido de la tabaquería (¿metiéndose el cambio en el bolsillo de los pantalones?).
Ah, le conozco: es el Esteves sin metafísica.
(El propietario de la tabaquería ha llegado a la puerta.)
Como por una inspiración divina, Esteves se ha vuelto y me ha visto.
Me ha dicho adiós con la mano, le he gritado ¡Adiós, Esteves!, y el Universo
se me reconstruye sin ideales ni esperanza, y el propietario de la tabaquería se ha sonreído.

Poema de Álvaro de Campos (heterónimo de Fernando Pessoa)


(foto: http://mikelcaverna.blogspot.com) Si quieres terminar de leer esto, haz click aquí...
 

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